¿Me envió Dios algún mensaje que era exclusivamente para mí?

¡Oh recordad,recordad!




[...]Mi punto es instarles a buscar formas de reconocer y recordar la bondad de Dios porque eso edificará nuestro testimonio. Tal vez no lleven un diario ni compartan sus registros con las personas a las que aman y sirven, pero ustedes y ellos serán bendecidos al recordar lo que el Señor ha hecho. Recuerdan esa canción que a veces cantamos: “Bendiciones, cuenta y verás cuántas bendiciones de Jesús tendrás”2.
No será fácil recordar. Al vivir como lo hacemos, con un velo sobre los ojos, no recordamos cómo era vivir con nuestro Padre Celestial y Su Amado Hijo Jesucristo en el mundo preterrenal; tampoco logramos apreciar sólo con el razonamiento ni con los ojos naturales la mano de Dios en nuestra vida; para eso se requiere el Espíritu Santo, y no es fácil ser merecedor de Su compañía en un mundo inicuo.
Por eso el olvidarse de Dios ha sido un problema tan constante entre Sus hijos desde los comienzos del mundo. Piensen en la época de Moisés, cuando Dios mandó maná y de maneras milagrosas y visibles guió y protegió a Sus hijos; y sin embargo, el profeta advirtió a los que habían sido tan bendecidos, tal como siempre lo han hecho los profetas y siempre lo harán: “…guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida”3.
Y el desafío de recordar siempre ha sido el más difícil para los que han recibido bendiciones abundantemente. Los que son fieles a Dios son protegidos y prosperan como resultado de servir a Dios y guardar Sus mandamientos. No obstante, a esas bendiciones les acompaña la tentación de olvidar su origen, y es fácil comenzar a sentir que no las otorgó un Dios amoroso, del cual dependemos, sino de nuestro propio poder. 
[...] , ruego que oren, mediten y pregunten: “¿Me envió Dios algún mensaje que era exclusivamente para mí? ¿Vi Su mano bendecir mi vida o la vida de mis hijos?”. Yo lo haré, y después encontraré la manera de preservar ese recuerdo para el día en que yo y mis seres amados necesitemos recordar cuánto nos ama Dios y cuánto lo necesitamos. Testifico que Él nos ama y nos bendice, más de lo que muchos hemos reconocido. Sé que es verdad, y siento gozo al recordarle. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Este discurso lo escuche en la clase de la Sociedad de Socorro el 25 de mayo de 2008,desde ese momento anote en una libreta los sentimientos más buenos que recibía, preparándome para bautizarme, como escrituras de referencia tengo :

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